jueves, 29 de abril de 2021


CONVOCANTO

 

El mundo cambió y no es extraño. Claramente cambia con cada giro y con cada latido y con cada respiro, en la dinámica del tiempo y en la medida de su impermanencia. No cambió tanto nuestro mundito humano, este mundito de mierda como dirías tú en otro tiempo, en otro estado del cambio; mundito hermoso y horroroso, bello en su fealdad y viceversa. Hoy seguimos siendo aquí y ahora, en este el "mundo real", aquí mismo donde nos conducen a volver la vida una 'idea de negocio', aquí mismo donde a fin de cuentas nos damos cuenta que no hay negocio que valga la vida. Hoy que todo es marketing, hoy que quieren que nuestras historias se empaqueten en una bolsa de valores, cuando el valor verdadero es no valer nada, en el sentido de ser invaluable. Nos repetimos en redes sociales que enredan los sentidos y quizá volvimos a habitar esas mismas cavernas prehistóricas de luces y sombras. Marketinera-mente nos proyectamos como hologramas que se encriptan, instantáneas incontables que desfilan por la autopista finita de la era digital.

 ¿Qué hacemos cuando nos encontramos perdidos en el centro de esa autopista?

Desconectar para reconectar. Palpar la piel y ver nuestros reflejos en los cuerpos de la otredad, estamos rodeados de sus reflejos. Cerrar los ojos para ver la oscuridad colorida que es nuestro mundo interno. Callar a la mente, respirar el momento que es el cosmos naciente. Crear desde lo que cada quien es, más allá de los parámetros de la señora sociedad o de las exigencias de las industrias. Soñar, ensoñar, enseñar, señalar. Sueños, señales del universo manifestándose a través de ti. Escribir, dibujar y cantar sin método, más bien por necesidad de ser y de dejar ser ese flujo de la emoción que se hace grafías y fonemas, simbologías aprendidas que se recrean para hallar los diversos significados que se expanden en el entendimiento de los ojos que nos escuchan, de los oídos que nos leen, de las lenguas que nos acarician, de las manos que nos saborean.

 Pero hay algo que no cambió en escencia y que no cambio por nada en medio del cotidiano cambio; es el fuego de la amistad que nos convoca y nos junta, que nos aleja y confronta también para en la distancia reconocernos, y vuelve nos convoca y nos encanta. Juancho amigo, hermano, hijo, tío, papá, hombre, artista de concepción, que tu canto siga resonando y tus letras rimando y tus dibujos coloreando, y que vuelen como naves de humo, como nubes de aves y avioncitos de papel, para seguir sobrevolando el sentido de la existencia que es vivir la creación en plenitud, para seguir siendo.


  Alixli



 

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